Esta entrada la escribo en primera persona, aprovechando este pequeño hueco que me ha regalado el caprichoso destino.
Viernes, 23 de mayo, asistimos a un aniversario tan vuestro como nuestro. Tan tuyo como mío. En el colegio que me vio entrar hace ya 37 años, y que antes acogió a mi tío, después a mi hermano, y más tarde a mis hijos. Tantos recuerdos, tantas vivencias, y sobre todo, tantos valores. Se celebraba el 50 aniversario, aunque ya ha pasado un año desde entonces: nuestro cole lleva 51 años bien vividos.
Una experiencia única que me llevo en el corazón fue reencontrarme con personas tan valiosas como Pedro, Santos, Paquita, Charo, Maite… Tantos y tantas que han estado a nuestro lado. Siempre lo digo: la labor de un maestro o una maestra con vocación nunca se agradece lo suficiente.
Un alumno nos anticipó que la jornada sería emotiva, al interpretar al piano una de las mejores piezas de banda sonora que he escuchado, Interstellar (¡Brillante!). Luego, los chicos y chicas de 6º, que pronto se despedirán, nos regalaron una obra de teatro ligera, divertida y fresca. Me hizo recordar aquellas jornadas culturales en las que ensayábamos con ilusión y nervios para actuar ante todo el colegio y nuestras familias.
Los peques de primaria recitaron cuatro poemas de Federico García Lorca con una soltura admirable. ¡Qué bien lo hicieron! Y los de infantil, engalanados, repartían con ternura un pequeño recuerdo hecho por el alumnado. Sois, sin duda, unas y unos artistas.
Como decía, tuve que marcharme antes de tiempo. Gracias a mis compañeras, siempre al pie del cañón, supe que al final se proyectó un vídeo muy emotivo. Me costó reponerme. Ver cómo era el cole, la montaña grande, nuestros teatros, nuestras excursiones… Me vi en aquellas fotos de Mambrú se fue a la guerra, entre risas por las pintas y lágrimas por lo que fue y tanto valoro. Desde que dejé esa familia para ir al instituto y luego a la universidad, nada volvió a ser igual. Y eso lo hace aún más especial.
Hoy escribo desde lo más personal, para mostrar mi respeto y agradecimiento a nuestra Teresita. Puede sonar repetitivo, pero Teresita y Carmela están en lo más profundo de nuestros corazones. Quienes hemos pasado por allí sabemos que su labor va mucho más allá de lo que dice el papel. Esa cercanía, esa vocación, ese acompañamiento… será muy difícil de reemplazar.
También quiero agradecer a Olga, que siempre lo pone todo tan fácil, y a Sergio, siempre dispuesto a ayudar. Es un lujo contar con buena gente que sigue haciendo funcionar este gran engranaje.
Y, como ya adelanté, esta ventana es para quitarme el sombrero ante ese arranque por Serrat del exdirector Pedro tras unos poemas de Federico, Miguel Hernández o Antonio Machado tan bien traidos como recitados.
Pedro, un hombre cercano, correcto, culto… de los que quieres tener siempre cerca. Maite, mi profe en los primeros años de primaria, cuánto me habría gustado abrazarte. Me llevo tanto cariño… Santos, el mejor profe de sociales que he tenido. Qué gusto daba estudiar la Revolución Industrial contigo. Charo, siempre firme con las matemáticas, aún me asombra tu pasión. Recuerdo tu proyecto de ciencias naturales, que nos enseñó a trabajar en equipo. Palmira y sus clases de música fueron mi puerta para entender y sentir las notas de otra manera. Gracias.
Me quedaron muchos por ver y abrazar, pero quiero que sepáis que, como yo, muchos y muchas os estaremos eternamente agradecidos. Por los valores que sembrasteis, por la cultura que abonasteis en nuestras mentes inquietas, por el acompañamiento en un cole que, aunque no perfecto, fue una familia que dejó una huella imborrable.
Carmela, Lidia, Sergio: como antigua alumna, gracias por ese vídeo. No solo fue emotivo, sino que es algo que mostraré siempre con orgullo. Gracias por haber sido parte de nuestras vidas.
Verde que te quiero verde, verde trigo, verde rama… la que va creciendo en este GRAN COLEGIO.






